El “agostazo” que nos puede venir

Javier Onieva Larrea

Miembro de la comisión de lucha contra el fraude fiscal y activista del Parlamento Social

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En el próximo año 2027, cuando los partidos políticos negocien la composición del Gobierno de Navarra, producto de los resultados de las elecciones autonómicas del 23 de mayo, se cumplirán veinte años del tristemente conocido en Navarra como el agostazo, una de las decisiones políticas más frustrantes de la democracia en Navarra, cuando la dirección nacional del PSOE, dirigida entonces por Zapatero, obligó al PSN a ceder la presidencia del Gobierno de Navarra a UPN, en detrimento del acuerdo al que habían llegado con la entonces formación nacionalista denominada Nafarroa Bai.

Conviene recordar de donde se venía en aquel año y para ello hay que remontarse a los tiempos de la llamada transición.

No fueron suficientes los cuarenta años de franquismo, que cuando a la muerte del dictador y en el momento que las fuerzas progresistas y de izquierdas parecía que se iban a comer el mundo, la derecha foral navarra se encargó de desbaratar ese cambio social. Los que ya tenemos unos cuantos años recordamos un partido político que se presentó a las primeras elecciones generales de la transición en el año 1977, el denominado FRENTE NAVARRO INDEPENDIENTE, fundado entre otros, por los Arbeloa, Malón, Taberna ,Zubiaur, Caballero, etc, etc. Tras el estrepitoso fracaso de ese partido en las elecciones del 77 sus inquilinos buscaron mejores opciones, recalando unos en el PSN y otros en UPN. La historia ha demostrado que las personas que formaban ese partido junto con los que formaban la UCD, lejos de distanciarse en sus opciones políticas, una vez que recalaron en el PSN y en UPN, mantuvieron una estrecha relación, siempre supervisada y controlada por las elites económicas, mediáticas y religiosas del neoliberalismo foral navarro. Esto, junto al acuerdo de los partidos mayoritarios nacionales (PSOE y PP) de considerar a Navarra <<cuestión de estado>> obligaba a que cualquier cambio institucional que se pudiera producir en Navarra debería contar siempre con el visto bueno del establishment español.

Tras el agostazo de 2007 la dirección del PSN se renovó apartando a los dirigentes favorables al acuerdo con Nafarroa Bai y situando a personas favorables a los acuerdos con UPN. Como consecuencia de esa política, en las elecciones del 2015, el PSN fue situado por la ciudadanía en la más absoluta irrelevancia institucional.

Al contrario, a nivel nacional, durante la legislatura 2015-2019 el PSOE consiguió dirigir el Gobierno español presidido por su secretario general Pedro Sanchez. No cabe ninguna duda que las políticas de alianzas llevadas a cabo por este Presidente han dado al traste con el acuerdo histórico de UPN con el PSN. Circunstancia que la derecha foral económica y mediática no acaba de digerir, centrando todos sus mensajes en la necesidad de que el PSN retorne a reeditar en un futuro mediato la teoría del quesito sanziana, consistente en el reparto del poder en Navarra entre UPN y el PSN, dejando fuera a las fuerzas nacionalistas.

Y en estas estamos ante la convocatoria de las elecciones generales para el próximo 29 de noviembre. Con un PSN dirigido por las mismas personas que después del agostazo del 2007 prosiguieron sus acuerdos con UPN, hasta que en la legislatura 2015-2019 ambos partidos fueron desalojados del Gobierno de Navarra ejerciendo la oposición conjunta al Gobierno de Uxue Barcos. Las mismas personas que en el año 2019 facilitaron la alcaldía del Ayuntamiento de Pamplona a UPN, al grito entusiasta de “agur Asiron”.

Por lo que es fácil imaginar que una posible pérdida de las elecciones por parte de Pedro Sanchez, conllevaría cambios a nivel estatal en la dirección del PSOE, y tal como está la política europea ante el avance de la extrema derecha, y con Pedro Sanchez fuera del tablero político, no sería de extrañar una fuerte presión de liberales y socialdemócratas europeos para realizar un pacto a la alemana entre PP y PSOE con la excusa de evitar el pacto entre el PP y Vox. Lo que trasladado a Navarra es fácil suponer que al PSN no le costaría mucho hacer lo mismo, retomando los pactos con UPN con la excusa de evitar la entrada en el Gobierno de Navarra de Vox, pero también de EH Bildu. Lo que nos llevaría según lo prometido por UPN, entre otras muchas cosas, a eliminar todos los avances fiscales en los impuestos de Patrimonio, Sucesiones y Sociedades conseguidos en la legislatura 2015-2019, y que tanto UPN como el PSN no tuvieron a bien aprobar

Así pues las próximas elecciones generales en el Estado son de vital importancia para el devenir del futuro Gobierno de Navarra. Que el PSOE de Pedro Sanchez consiga reeditar el Gobierno central manteniendo las alianzas con partidos a su izquierda, es la garantía que en Navarra el PSN no se avenga a reeditar la teoría del quesito.

Pero todo esto no supondría más que un mal vivir para acabar muriendo, si los partidos que se consideran a la izquierda del PSN no aparcan su tactismo electoral y dejan de presenciar la política Navarra como las vacas viendo pasar el tren. Obligando a la socialdemocracia navarra a realizar una verdadera reforma fiscal bajo la premisa de la progresividad en todos los impuestos, con el fin del que más tiene más pague, única receta posible para acabar con la desigualdad de rentas. Así como el realizar una política presupuestaria que no esté condicionada por la aportación económica al Estado, el pago de la deuda pública y los peajes en la sombra, cuyo coste total supone prácticamente el 25% del presupuesto navarro.

Recetas imprescindibles para frenar a la extrema derecha que aquí, en Navarra, todos sabemos que UPN lleva en su ADN.

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