Hay muchas lacras que no debieron existir

Miguel A. Sáenz Martínez

2026-ko urriak 22

Recientemente se han cumplido quince años del anuncio del cese definitivo de la actividad armada por parte de la organización independentista vasca “Euskadi Ta Askatasuna”.

La oportunidad ha sido aprovechada nuevamente, como era de esperar, por una buena parte de los medios de comunicación del Estado español para continuar demonizando a dicha organización independentista a la que se sigue definiendo como “una lacra que nunca debió existir”.

Definiciones de este tipo, realizadas sin contextualizarse, no dejan de ser tendenciosas porque únicamente muestran una arista de una realidad que es poliédrica.

Mostrar únicamente una de las múltiples aristas que tiene una realidad, como es la que se vive en Euskal-Herria, es, cuando menos, una práctica partidista y manipuladora.

Y es que, en nuestro entorno, ha habido y sigue habiendo no una sino muchas lacras, de efectos devastadores, que nunca tenían que haber existido.

Por citar algunas:

El Golpe de Estado de 1936 y los cientos de miles de muertos y represaliados que acarreó tanto el levantamiento militar como la dictadura posterior.

Otra lacra es la represión ejercida hacia un Pueblo, el Pueblo Vasco, al que se niega, sistemáticamente, algo tan legítimo como es el ejercicio del Derecho a la Libre Autodeterminación.

Otra lacra es la imposición de la monarquía, como forma de Estado.

Otra lacra es el Régimen del 78 y sus consecuencias bajo las cuales seguimos viviendo, desgraciadamente, a día de hoy

Otra lacra es la “Guerra sucia”, ejercida por una parte desde grupos como los GAL y el BVE y por otra parte desde instancias policiales. Dicha “Guerra sucia” ha contado con la complicidad de sucesivos gobiernos del Estado español. 

Otra lacra es la tortura a la que se han visto sometidos más de cinco mil ciudadanos de Euskal Herria.

Otra lacra es la impunidad con la que han contado, y siguen contando, los torturadores. Torturadores que, recordemos, forman parte de los cuerpos policiales del Estado español.

Otra lacra es haber dejado morir durante la pandemia a 7291 ancianos en la Comunidad de Madrid.

Otra lacra es la miseria en la que viven tantas y tantas personas que no pueden llegar a fin de mes cuando, a la vez, la iglesia católica recibe, año tras año, miles y miles de millones de euros procedentes de las arcas públicas de un Estado aconfesional como lo es el Estado español.

Otra lacra es la doble vara de medir que utiliza, con frecuencia, la Justicia en el Estado español.

Otra lacra es la corrupción política.

Otra lacra es…

Y así, suma y sigue.

No decir absolutamente nada de ninguna de estas lacras y limitarse a repetir machaconamente, una y otra vez hasta la saciedad, que “ETA es una lacra que nunca debió existir” es, por tanto, tendencioso porque da una visión totalmente distorsionada de la realidad.

Paradójicamente muchos de los que aplican únicamente a ETA “lo de ser una lacra que nunca hubiera debido existir” están implicados, en mayor o menor medida, en la existencia de alguna de esas otras lacras de las que se niegan a hablar y que tampoco nunca debieron de existir.

Y es que, además, de no haber existido esas otras lacras, de no haber existido la dictadura franquista, de no haber sido negado sistemáticamente al Pueblo Vasco su derecho a la Libre Autodeterminación entonces, muy posiblemente, ni tan siquiera hubiera llegado a fundarse esa organización independentista llamada Euskadi Ta Askatasuna.

Esta, y no otra, es la realidad por mucho que algunos no la quieran reconocer

Gehiago