A la Corporación Municipal de Iruñea
Miguel A. Sáenz Martínez
2026-ko uztailak 8
En el último Pleno del Ayuntamiento de Iruñea, previo a los Sanfermines, los grupos municipales aprobaron una Declaración Institucional en la que “el Ayuntamiento invita a toda la ciudadanía, y a quienes visitan la ciudad, a disfrutar de las fiestas desde una sana convivencia y el respeto mutuo”.
En dicha declaración se incide en que los actos festivos “y en particular la celebración de la Procesión de San Fermín transcurran, todos ellos, sin ningún tipo de insulto, incidente, violencia o conflicto “.
Ciertamente está bien que, desde el ayuntamiento, se haga una llamada a la ciudadanía encaminada a la convivencia y al respeto mutuo.
Pero dicha llamada se la tendrían que dirigir, auto dirigir, nuestros mandatarios en primer lugar a sí mismos.
Y es que, señores ediles, permítanme ustedes que les recuerde, que vivimos en un Estado aconfesional.
Y que en una ciudad, Iruñea, que pertenece a un Estado aconfesional, como lo es el Estado español, constituye un auténtico desatino el hecho de que la Corporación Municipal acuda como tal tanto a una procesión religiosa como a cualquier otro acto religioso.
Y lo que es todavía peor:
Que lo haga rindiendo pleitesía a las autoridades eclesiásticas , tal como ocurre en la capital navarra, ya que es la Corporación Municipal la que acude, como tal, a la catedral a esperar la salida del arzobispo y demás miembros del cabildo antes de dar comienzo a la susodicha procesión.
Osea que, señores ediles, me parece muy bien que animen ustedes a la ciudadanía para que “las fiestas transcurran en sana convivencia y desde el respeto mutuo”.
Pero, empiecen por aplicárselo a ustedes mismos: Y es que para que ese respeto, por el que abogan ustedes, sea realmente MUTUO es imprescindible que ustedes mismos empiecen por respetar a los ciudadanos, a los que dicen representar, y por llevar a la práctica algo que es fundamental en cualquier Estado aconfesional: la separación entre Iglesia y Estado.
Porque, señores ediles, los que empiezan por romper la convivencia, año tras año, son ustedes al acudir a la procesión como Corporación Municipal.
Eso es todo un INSULTO, con mayúsculas, a la aconfesionalidad del Estado, y, en ello, radica, muy posiblemente, el origen de todos, o al menos de la mayoría, de los incidentes que se vienen originando, a lo largo de los años, al paso de la imagen del patrón por las calles del casco viejo.
