Rabab Abdulhadi: «No existe un sionismo bueno»

La académica y militante feminista palestina Rabab Abdulhadi habla con Ahotsa.info sobre una vida marcada por la ocupación y la lucha por la libertad. Durante su visita a Euskal Herria, defiende la resistencia del pueblo palestino, cuestiona la complicidad de los gobiernos occidentales con Israel y reivindica una solidaridad que vincule las distintas luchas contra la opresión.

2026-ko urriak 23

Crecer bajo la ocupación significó aprender que ni siquiera las decisiones más cotidianas estaban en sus manos. Rabab Abdulhadi, de Nablus y profesora en la Universidad Estatal de San Francisco, recuerda el control militar sobre los desplazamientos, las relaciones personales y todos los aspectos de la vida. Una experiencia que le dejó una convicción: sin libertad, el pueblo palestino no puede vivir plenamente.

Abdulhadi cuestiona que Palestina se presente únicamente como una crisis humanitaria. Reducir la respuesta a entregar alimentos, agua o dinero, explica, deja fuera el origen político de la situación y niega a los palestinos su condición de pueblo con derecho a la autodeterminación. Frente a una mirada basada en la caridad, reivindica el reconocimiento de sus derechos y de su lucha contra el colonialismo.

La entrevista aborda también la situación de Cisjordania, donde vive parte de su familia. Denuncia las amenazas, los desplazamientos y las restricciones que impiden incluso visitar a familiares o acudir a un funeral. Rechaza que esa violencia se atribuya exclusivamente a los colonos y señala la responsabilidad del Gobierno y del ejército israelíes, así como el respaldo de Estados Unidos.

«No existe un sionismo bueno», afirma al analizar un proyecto que define como colonial. Frente al genocidio y a la inacción de los gobiernos, destaca la extensión de la solidaridad internacional y la persistencia de una resistencia palestina que lleva más de un siglo luchando y que, asegura, no va a desaparecer.

Desde su experiencia en Estados Unidos, Abdulhadi explica la distancia entre la movilización ciudadana y unas políticas gubernamentales que siguen sosteniendo a Israel. Para romper esa complicidad, defiende el boicot, la desinversión y las sanciones como herramientas para exigir responsabilidades. A su juicio, pedir a los opresores que cambien voluntariamente no basta: hace falta presión y rendición de cuentas.

Su mirada feminista atraviesa toda la conversación. Considera contradictorio hablar de «feminismo colonial» y rechaza los discursos que pretenden salvar a las mujeres palestinas de su propia sociedad sin reconocer su capacidad para organizarse y decidir. La liberación de las mujeres, sostiene, es inseparable de la liberación del conjunto de la sociedad.

Abdulhadi reconoce la solidaridad del pueblo vasco y plantea formas de profundizarla: presionar a las instituciones para acabar con la complicidad con Israel, actuar sobre el tránsito de barcos y abrir las universidades a estudiantes y docentes palestinos. También propone ampliar el conocimiento mutuo entre Palestina y Euskal Herria. Su planteamiento parte de una idea que resume durante la entrevista: «La justicia es indivisible». Cada victoria contra la opresión beneficia a Palestina, y cada avance de la lucha palestina beneficia a los demás pueblos.

Gehiago