A por el último peldaño de la escalera
Mikel Mundiñano y Jone Galarza, miembros de Sare. Irati Lizarraga, Ibai Ripodas, Maider Vicente y Joanes A;surmendi miembros de las peñas La Única, Alegría de Iruña, Sanduzelai e Irrintzi
2026-ko uztailak 3
“Uno de enero, dos de febrero, tres de marzo……siete de Julio……” La letra de la canción de la escalera sanferminera evoca la expectante ansiedad con la que se vive en Iruñea el pausado caminar que conduce al momentico de todos los momenticos, la explosión del txupinazo a las 12 del Mediodía del seis de julio. Sirva la metáfora para ilustrar el proceso que estamos impulsando en Euskal Herria para poder disfrutar de una vez por todas de un pueblo sin presas y sin presos por motivación política, un pueblo donde la lógica confrontación política no venga marcada por el sufrimiento y la conculcación de derechos. El proceso de vuelta a casa de presas y exiliados se asemeja mucho a esa escalera sanferminera donde parece que cada peldaño tarda en llegar.
Primero fue acabar con la cárcel dentro de la cárcel, los regímenes de aislamiento que de forma generalizada se aplicaba a las presas y presos de motivación política y que impedía el acceso a otros derechos en el cumplimiento de las condenas. Luego vino el final del alejamiento y la dispersión, una condena añadida no explicitada en el código penal y que se cobró un trágico peaje en la salud, las condiciones de vida, la economía y hasta en las vidas de presas, presos y sus familiares. Otro peldaño a escalar era el de la asunción por parte de las administraciones vascas de las competencias en materia de política penitenciaria. Un peldaño que nos ha dejado con un pie en el aire porque en la cárcel de Iruñea quien gobierna y manda es todavía Instituciones Penitenciarias de Madrid. Llegamos ya al estadillo donde se supone que la legislación penitenciaria ordinaria se va a aplicar sin restricciones a todas las presas y presos; abriendo paso a los itinerarios de progresión de grado establecidos en la ley. Un estadillo éste donde las subidas y bajadas son una constante debido a las trabas que desde Fiscalía y otras entidades acusatorias con posterior connivencia judicial se vienen poniendo al normal recorrido que cada presa debe hacer para su vuelta a casa. Parece que hay quien desea que el momento del Txupinazo se retrase todo lo posible.
Y encaramos ya a los últimos peldaños de esta exigente escalera. La convalidación de los años de condena cumplidos en otros Estados europeos, un peldaño ya resuelto a nivel legal pero cuya aplicación real se está demorando mucho; y el peldaño final marcado por la ley aznariana de 2003 que establecía para las presas de motivación política un cumplimiento de hasta 40 años; una ley concebida para perpetuar en tierra vasca no sólo las condenas sino también el propio conflicto político violento. Estamos llegando ya al final de la escalera. Podemos percibir ya la emoción de todo un pueblo que espera con ilusión el momento de soltarse el pañuelo de la muñeca para anudárselo en el cuello y dar rienda suelta a la alegría de la fiesta. Tenemos a la vista la pancarta de meta, HELMUGA, la línea a atravesar para conseguir un objetivo a todas luces histórico. Es justo en este momento, cuando parece que los últimos peldaños se van estirando por las malas artes de quienes quieren negar a este pueblo su derecho a la fiesta; cuando es más importante que nunca tomar conciencia de dónde ha venido la fuerza que ha hecho posible escalar los peldaños que nos han traído hasta aquí. Ha sido el empeño popular, la capacidad de resiliencia, organización y movilización de la gente la que ha posibilitado la superación de todos los obstáculos que se han planteado. La meta, HELMUGA, está a la vista. El momento, la explosión de la fiesta y de la alegría, no se puede retrasar más. Es todo un pueblo quien lo merece. Es todo un pueblo quien lo espera y lo necesita. ¡Preso, iheslari eta deportatuak etxera!
