La cosa está que arde y va para largo
Sabino Cuadra Lasarte
2026-ko urriak 29

Allá por los años 60-70 del pasado siglo fuimos muchos quienes leímos el libro de Marta Harnecker titulado “Los conceptos elementales del materialismo histórico”. En este, la escritora marxista chilena afirmaba como, sin percatarnos de ello, hay ocasiones en las que una acumulación de cambios sociales cuantitativos acaban produciendo un salto cualitativo que altera substancialmente la situación previa existente. Pongamos un ejemplo: si calentamos un recipiente con agua, llegará un momento (99 grados) en el que con tan solo elevar la temperatura un grado más, comenzará a hervir. De esta manera, lo que antes era líquido, cambia de estado y pasa a convertirse en vapor.
Algo de esto está sucediendo en Europa últimamente. Sus sociedades parecían en calma, pero su temperatura era ya muy alta y de repente todo se ha puesto todo en ebullición. En Francia, Italia, el Estado español, Portugal, Albania, Servia, Bélgica…, cientos de miles de personas están saliendo a la calle reclamando todo tipo de demandas sociales.
En Francia, la chispa saltó el 17 de septiembre, en el liceo Saint-Exupéry de Créteil, cercano a París, donde un grupo de profesores se declaró en huelga en protesta por varios puestos de trabajo sin cubrir. Al día siguiente, el alumnado apoyó a sus profesores y bloqueó el Instituto. En los días siguientes, la llama se extendió por todo el país denunciando la degradación de la enseñanza pública, el alto coste de vida, los salarios insuficientes,… Para el 5 de noviembre hay convocada una huelga general.
En el Estado español todo comenzó con el desahucio de una anciana en Madrid el 23 de septiembre. A partir de ahí se desató un reguero de movilizaciones relacionadas con la grave situación que se vive en torno a la vivienda, incluida una huelga general convocada para el 11 de noviembre. Lo mismo que en Italia, donde se hará el 20 de noviembre. Que yo recuerde, nunca habían coincidido en Europa tres convocatorias en un mismo mes en tres países distintos, amén de un sinfín de movilizaciones en otros: Albania, Servia, Portugal, Bélgica… Las reivindicaciones son muy similares. Se protesta por el alto coste de vida y la vivienda, los bajos salarios, la deteriorada educación, la corrupción, el gasto militar,..
En la Unión Europea (UE), según su indicador oficial AROPE, 93 millones de personas viven en riesgo de pobreza o exclusión social, un 21% de la población. La mitad de estas cuenta con un empleo, pero este es precario, parcial o mal pagado. En el Estado español, la cifra se eleva al 25,9% (12,5 millones de personas). Las políticas neo-socio-liberales llevadas a cabo por gobiernos de distintos colores han conducido a esta situación. Desde estos se nos dice que, en general, todo va bien, pues el PIB está creciendo y ocupamos primeras posiciones en no se sabe cuántos rankings mundiales. Pero las listas de espera, los ratios educativos, la cesta de la compra, la precarización, los precios de viviendas y alquileres afirman lo contrario. No hace falta ser ningún experto para saber que esto es así.
En junio de 2025, los países de la OTAN acordaron elevar sus presupuestos militares en los próximos años hasta alcanzar un 5% del PIB, cantidad que supera el presupuesto en Educación de la UE (4,7%). Según el SIPRI (Instituto Internacional de Investigaciones para la Paz), entre 2016-2025, el gasto militar de la UE ha aumentado un 41%. El Estado español, por su parte, no se ha quedado atrás, sino todo lo contrario. Según este organismo, tan solo en 2025 el gasto militar español creció un 50%.
Mientras tanto, en el primer semestre de este 2026, las oligarquías-buitre-españolas del IBEX35 han aumentado sus beneficios en un 15% (36.473 millones), algo que equivale a la mitad del presupuesto total educativo del Estado y las autonomías. Ni qué decir tiene que la Banca (Santander, BBVA…), ésa a la que los gobiernos de Zapatero y Rajoy le regalaron decenas de miles de millones de euros en la anterior crisis financiera, encabeza la manada.
Resulta por ello obsceno que a la hora de reflejar las movilizaciones habidas estas últimas semanas, el mensaje principal trasmitido por los medios y las redes tenga que ver con escaparates rotos y containers ardiendo. Poco o nada nos hablan respecto al no future que vive la juventud y la violencia laboral y social que padece, de sus frustraciones y rabias por sus derechos no atendidos y su criminalización creciente. Tampoco de la realidad social diaria vivida por esos 12,5 millones de personas que viven en riesgo de pobreza o exclusión social. Esas imágenes son de mal gusto.
Se acercan las elecciones. Desde múltiples opciones se nos advierte de “¡que viene el lobo!” y que la mejor forma de hacerle frente es votarles a ellos. Ocurre sin embargo que hay mucha, muchísima gente, que lleva recibiendo dentelladas de este animal desde hace tiempo. Dentelladas en nuestras calles y barrios, en las listas de espera de los centros sanitarios, en los estantes de los supermercados, en las ofertas inmobiliarias, en las ETTs… Y mientras todo esto sucede, gobiernos autodenominados progresistas se limitan a templar gaitas, doblegándose ante el saqueo de la banca, las multinacionales energéticas y tecnológicas y las exigencias de la jerarquía castrense y el complejo militar-industrial.
No seré yo, por supuesto, quien niegue que en las próximas elecciones nos vamos a jugar social y políticamente muchas e importantes cosas. El voto debe convertirse por ello en un arma a utilizar (¡Brasil!) de forma activa. Pero que no nos confundan. Un proverbio oriental dice que cuando el sabio señala a la luna, el necio se queda mirando el dedo. Miremos pues más allá de las urnas (el dedo), porque el mejor voto que podemos dar es continuar durante las próximas semanas con las movilizaciones iniciadas, preparar a conciencia la huelga general del 11 de noviembre y, sea cual sea el resultado electoral, seguir firmes en la reivindicación y en la calle. La cosa va para largo.
