Gorraiz, no nos pidáis que volvamos al armario
La Farruka
Batukada del Valle de Egüés
2026-ko irailak 18

Las fiestas de los pueblos de Navarra son un emblema de la diversidad de las personas que vivimos en esta comunidad. O, por lo menos, deberían serlo. Sin embargo, este año, durante las fiestas de Gorraiz, no ha sido así.
Hasta 2026, el servicio de txoznas de estas fiestas estaba organizado por un grupo de este mismo pueblo, llamado el Txoko. Sin embargo, este año, debido a que desistieron de poner txoznas por razones personales, el Ayuntamiento del Valle de Egüés sacó a licitación el contrato para su realización y fue La Farruka Batucada quien hizo la instancia pertinente y recibió la oportunidad de poder vivir estas fiestas.
Nuestro objetivo era el mismo que hemos tenido cada año en txoznas de otros pueblos del valle, como las de Sarriguren: aportar nuestro granito de arena mientras recaudamos dinero para los gastos de nuestra asociación sin ánimo de lucro, cuya principal actividad es realizar ensayos y actuaciones con la música de nuestros tambores.
Como otros años, además del servicio de txoznas, también se había acordado de manera telefónica con la parroquia de Gorraiz el servicio de bebidas para su comida del domingo, motivo por el cual ampliamos tanto nuestro pedido como nuestra organización. Preparamos el evento con ilusión y tesón, hicimos vídeos promocionales y ni de cerca nos hubiéramos imaginado la batalla en la que nos iban a obligar a participar.
Todo comenzó como de costumbre en el Valle, con una formación obligatoria para convertir nuestra txozna en Punto Violeta. Nos enseñaron cómo actuar ante agresiones sexuales y también ante agresiones LGTBIQ+fóbicas y, además, nos dieron chapas, pulseras y material de sensibilización.
Con esta información montamos la txozna y colocamos, como cada año habíamos hecho en Sarriguren, nuestra bandera LGTBIQ+. No queríamos politizar las fiestas, provocar malestar o retar a nadie, sino visibilizarnos como punto seguro para todas las personas, independientemente de su sexo, etnia, orientación sexual o religión. Nuestra asociación no se caracteriza como tal por ser queer, pero si defendemos los valores que apoyan la libertad sexual, la seguridad y visibilizar la orgullosa diversidad que forma parte de nuestra batucada y de la sociedad Navarra.
Media hora después del txupinazo, recibimos una llamada de la técnica de Cultura del Ayuntamiento. Nos dijo que la alcaldesa había recibido quejas de vecinos por nuestra bandera y que estábamos incumpliendo las bases de la solicitud de las txoznas porque, según nos aseguraron, “no se podían colgar banderas de ningún tipo”. Obviamente, con mucho dolor, quitamos la bandera de inmediato.
Pero releímos las bases de la solicitud de las txoznas y el punto al que se referían decía literalmente: “No se podrán utilizar en las txoznas carteles y/o símbolos que atenten contra la dignidad de las personas, reivindicaciones políticas, reivindicaciones que apoyen el terrorismo y puedan hacer peligrar la convivencia o la normalidad de los actos festivos. Y no se tolerará ningún tipo de actitud o conducta discriminatoria por razón de sexo, orientación sexual, identidad sexual, expresión de género y/o características sexuales.”
No dice que no puedan colocarse banderas y, además es el párrafo que ampara ante cualquier discriminación o agresion. La bandera LGTBIQ+ no pertenece a ningún partido, es un símbolo de diversidad, de derechos humanos y de punto seguro y habíamos sido formados/as para ello.
Al pedir explicaciones, acudieron a la txozna la técnica de cultura y el concejal delegado de protección ciudadana y seguridad (entre otros cargos), se reconoció que no estábamos obligados/as
a retirarla. Eso sí, se nos pidió un punto intermedio: quitarla durante el día y ponerla por la noche “por
la convivencia”.
Pero eso no es un punto medio. Es pedir a la persona discriminada que se haga invisible para que
quien discrimina esté cómodo. En ese punto medio quien solicita su retirada consigue el 100% de su
objetivo, y nosotros/as conseguimos volver al armario durante el día. Menudo punto medio.
Volvimos a colocarla.
Y llegaron las primeras consecuencias: por la noche, un grupo de chavales se acercaron a la barra
sin otro propósito que conseguir bajar la bandera increpando a uno de nuestros camareros con
comentarios homófobos “esa bandera no pertenece a Gorraiz, no es de aquí, no debería estar ahí, a
mi me gusta más la de España”, junto con consignas de extrema derecha como “Viva Franco”.
Llegó el miedo. Miedo a que nos pegaran, a que destrozaran la txozna, a que no nos protegieran.
Y llegó también la cancelación del servicio de bebidas de la parroquia de Gorraiz, que “no sabían si
era o no por la bandera, pero de todas formas esa bandera no debería estar ahí”, junto con la
petición de que nuestra diversa presencia desapareciera de la txozna durante dicha comida,
solicitando el cierre de la misma, alegando que su evento era privado y que ya no hacíamos falta. .
Sobra decir que estábamos atónitas/os ante estos hechos y completamente bloqueadas/os. Entonces
el Ayuntamiento comenzó a reaccionar y a protegernos frente a los actos que estaban sucediendo a
nuestro alrededor. Nos brindaron escucha y apoyo, y nos confirmaron que podíamos permanecer
abiertas y que no teníamos que cerrar durante ningún evento de las fiestas. Incluso nos instaron a
mantener la bandera puesta.
Pero continuaron los comentarios homófobos y también las peticiones para retirar el Punto Violeta,
llegando a decirnos que en Gorraiz “no hace falta” (recordemos que el año pasado, dicho punto
amaneció. completamente vandalizado).
Se extendió por el pueblo el bulo de que, si pedías una bebida en la txozna, poníamos
obligatoriamente “sellos gays” a la gente. Porque nuestra presencia pacífica chirriaba a la luz de una
bandera arcoíris y porque es mucho más fácil y conveniente pensar que estamos ahí intentando
adoctrinar gente (como si eso se pudiera hacer con la orientación sexual) que pensar en que las
personas del colectivo necesitamos símbolos así para sentirnos seguros/as. No hay que ir muy lejos
para encontrarse noticias de agresiones y delitos de odio. Este mismo fin de semana dos chicos
recibían una paliza en Asturias por defender la bandera LGTBIQ+ y la agresión era minimizada por
el alcalde.
Ante el miedo y el boicot continuado que transcurrió a lo largo de todo el fin de semana, acabamos
colocando la bandera en una estantería, menos visible, mientras intentábamos no desaparecer entre
las mentiras, el odio y los juicios.
Condenamos firmemente todo lo ocurrido.
Agradecemos el apoyo institucional que recibimos posteriormente, pero no podemos aceptar la
reacción inicial del ayuntamiento del valle: formarnos para proteger frente a las agresiones
LGTBIQ+fóbicas y, ante la primera queja homófoba, pedirnos que retiremos nuestra bandera. Las
instituciones tienen que protegernos, no pedirnos que nos escondamos.
Condenamos las actitudes que hemos vivido estos días en Gorraiz. Alguien que entiende y respeta la
diversidad debería entender lo que significa salir del armario y jamás pedirnos que volvamos a entrar.
No queremos volver al armario.
No queremos sentir miedo por ser visibles.
No queremos que se pida a la víctima que cambie para que el agresor esté tranquilo.
Basta de invisibilizarnos.
Basta de miedo.
Basta ya de pedirnos que volvamos al armario.
