El TAV según Charles Bukowski

Armando Guerra (afiliado a CGT Nafarroa)

2017-ko apirilak 11

Détournement sobre un fragmento de La senda del perdedor.

Su coche abierto, abriéndose paso entre senderos de flores, había entrado en la monumental de Tafalla. Un coche lleno de agentes secretos iba delante, y otros dos coches iban justo detrás. Los agentes eran tipos valientes con pistolas para proteger a nuestro presidente. La multitud se levantó al entrar el coche del presidente en el ruedo. Nunca había ocurrido algo igual. Era el presidente. Era él.

Saludó agitando el brazo incorrupto de Santa Rita en la mano. Nosotras le respondimos. La escuela de las Hermanas Flamarique se arrancó con una solemne jota. Había gaviotas que volaban en círculo encima nuestra como si supieran también que allí estaba el presidente. Y también había aviones que hacían escritura aérea. Escribían en el cielo cosas como «Si os masturbáis os quedaréis ciegos», que levantaron al clero de sus asientos. El presidente se puso de pie en el coche, y en ese momento se apartaron las nubes y la luz del sol cayó directamente sobre su cara. Era como si Dios también lo supiese. Entonces los coches se detuvieron y nuestro gran presidente, rodeado de agentes del servicio secreto, subió a la tribuna. Le acompañaba el filántropo de las telas Amancio Ortega. ¿O era Humberto Janeiro? Al llegar junto al micrófono, un pájaro descendió del cielo y se posó junto a él.

El presidente le hizo un gesto de saludo al pájaro y se rió. Todas reímos con él. Entonces empezó a hablar y todo el mundo escuchó. Yo apenas pude oír el discurso porque estaba sentada junto a una máquina de freír palomitas que hacía demasiado ruido, pero me pareció oírle decir que le perdonáramos por no habernos visitado tras el terremoto de Pamplona porque ese día le dolía mucho la cabeza, que el vino de San Martín no era cosa menor y que no eran tiempos de atar los perros con txistorras, que no eran tiempos de pabellones, autopistas o aeropuertos, que era el momento del TANG, del Tren de Altas Naranjas Gordas a las cosas por su nombre, para exportar espárragos y paté Mina por doquier, pues exportar es positivo porque vendes lo que produces, que Dios y nuestra nación nos rodearían de amor y nos protegerían del mal,  de suatraises, mujitus y jelditus ave césar, nos despertarían de la pesadilla, para siempre…

El presidente escuchó los aplausos, saludó con el brazo de Santa Rita y, excusándose que no había dormido mucho por el ruido de las obras, dio por zanjado el acto cuando a micrófono abierto se le escapó: «Esto no se sostiene Humberto».

Gehiago