No mienta, Sr. Iribas

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Esta semana hemos conocido los datos de matriculación de Navarra para el curso que viene. El Consejero de Educación, Don José Iribas, ha declarado todo ufano:
"En unos tiempos bien complejos mantenemos los recursos necesarios para mantener la diversidad del alumno y unas ratios para el próximo curso con los mismos criterios que en el actual. Nuestros parámetros están situados en una posición sensiblemente mejor que la media española".

El Sr. Iribas miente. Miente en las tres acepciones que el diccionario de la RAE contempla para este verbo: 1) Decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa; 2) Inducir a error; 3) Fingir, aparentar.

Dice lo contrario de lo que sabe: los recursos no hacen más que menguar de curso en curso, se apilan alumnos -no se respetan las ratios-, no se cubren las bajas de los docentes, no se acondicionan las instalaciones así se caigan de puro viejo.

Induce a error: como buen naburro, pretende hacernos creer que la calidad de la enseñanza en nuestra Comunidad le da mil vueltas a la del resto. El viejo truco de “somos más guapos que nadie” para tapar la cruda realidad: se está depauperando la educación pública a pasos agigantados.
Finge que se preocupa por aquello que le han encomendado cuidar: la enseñanza pública. El gesto del hipócrita por excelencia, que mientras con la mano derecha destruye, nos acaricia el cogote con la izquierda como a buenos súbditos obedientes.

Son ya muchas personas, muchos padres, muchos docentes, muchos centros educativos, los que han alzado la voz para decir “basta ya”. Basta de recortes, basta de hipocresía, basta de tomarnos por tontos. Para muestra de sus mentiras, un botón: en el Colegio Público Sanduzelai -modelo D, horror- nos han eliminado un aula de 2º de Infantil para el curso que viene, dado que son 26 alumnos (límite máximo de ratio para ese nivel). Pero resulta que tras la prematrícula, un nuevo alumno -bienvenido sea- se une a nuestros hijos: somos 27. Al Sr. Iribas -y a sus subordinados directos- les da igual. ¡Os hemos dicho un aula, y a callar! Es decir, que van a incumplir vilmente las cacareadas ratios que nos hacen ser sensiblemente mejores que los demás. Como única solución, sólo se les ocurre plantear que el nuevo alumno se vaya a estudiar a otro centro no sabemos dónde. ¿Esto es calidad en la enseñanza? ¿Esto es calidad humana por parte de sus gestores?
No mienta, Sr. Iribas.

 

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