Las “jornadas culturales prekarias” evidencian la necesidad de un espacio autogestionado

Las jornadas organizadas por el grupo Cultura Prekaria el pasado fin de semana han contado con una alta participación y han concluído la necesidad de un cambio de paradigma cultural en el que toma importancia la idea de un procomún con contenido político.

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Reflexiones a subrayar en las jornadas (Crónica elaborada por Cultura Prekaria):

Santi Eraso, desde su experiencia dentro de las instituciones, habló de la cultura como una burbuja menor generada por la burbuja inmobiliaria, y que cuando explotó dejó un paisaje de escombros entre los que vagamos, dándose la paradoja de que quienes hundieron el sector cultural se pretenden presentar ahora como sus salvadores. Dentro de ese nuevo paradigma cultural, de inestabilidad y liquidación, planteó que pueden surgir nuevas expresiones y experiencias, nuevos espacios… Y definió la cultura como un campo de batalla, en el que confluyen intereses muy distintos, y en el que se debería apostar por un modelo cultural con menos inversiones espectaculares y más a largo y medio plazo, menos centralizadas y más localizadas, una cultura no entendida como lujo sino como derecho social, etc.

Emmanuel Rodríguez coincidió con él en algunos términos, como la burbuja cultural, o la cultura como campo de batalla, y dijo que si la entendemos como tal es necesario darle un contenido político y en ese sentido dijo que hasta que no haya un cambio político radical la cultura no será un derecho social. También añadió que a menudo un obstáculo para politizar la cultura son los propios creadores, incapaces de desprenderse del concepto de autoría, los egos y áureas, de cierta “viscosidad”.

Para Jaron Rowan es importante enfrentarse a la idea o el nuevo paradigma que se intenta imponer de la innovación social (es decir, la cultura es válida cuando consigue solucionarle problemas a la administración) y establecer un pensamiento crítico y político, que en lugar de funcionar como parche para las instituciones le resulte problemático, le plantee preguntas… Defendió también la idea de un procomún con contenido político y que no sirva para sustituir o mermar lo público. En ese sentido, dijo que si el procomún sin política no vale, el procomún sin pensamiento estético es política ficción.

En la mesa sobre la situación cultural en Navarra Iñaki Arzoz subrayó la situación de total precariedad, el fiasco de los planes culturales, etc. y la necesidad de un espacio público autogestionado con el que hacer frente a ese panorama catastrófico.
Ignazio Aiestaran, además de señalar la existencia de una cultura navarra sin navarros, una cultura de negación y marginación de algunos aspectos propios, reivindicó y propuso recuperar y recoger una “tradición” anterior de culturas prekarias: insumisión, euskara, okupazión, radios libres, memoria histórica, etc.
Edurme Mezquíriz recalcó la falta de un trabajo en común en lo referido a la actividad cultural.
Y María Castejón subrayó la necesidad de una mirada amplia y necesaria desde la perspectiva de género, que considera que ha sido desoladora.

Javier Rodrigo consideró que en la construcción de espacios es necesario respetar los ritmos de colectivo y personas, y reivindicó la importancia en los procesos culturales no solo de lo productivo (la creación, la movilización…) sino también de lo reproductivo (el cuidado de los espacios, su mantenimiento). Hizo un símil interesante con un caracol (el valor de lo local –una ensalada buena es la que tiene bichos-, el activismo lento, que respete los ritmos de cada cual…), una imagen que pueda hacernos pensar cuáles son las nuevas formas de producir no solo cultura sino además ciudadanía.

Gehiago