Las balas de foam de la Policía Foral fueron las que provocaron las graves heridas en la cabeza a un manifestante antifascista ayer en Iruñea

Además de la persona que fue trasladada al hospital, al menos otras 4 personas fueron alcanzadas con balas de foam. Todas ellas eran personas de avanzada edad que no participaban en los incidentes con la policía.

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El grupo de Policía Foral que lanzó las balas de foam que alcanzaron a un hombre en la cabeza estaba situado en frente de los Cines Golem. Al otro lado, en la explanada de la Tramontana, los antifascistas que habían acudido a la zona para protestar contra el acto del ultra Vito Quiles. Los incidentes fueron muy duros y las cargas policiales con material antidisturbios y gases lacrimógenos duraron un par de horas. A la acción represiva de la Policía española se sumaron agentes de la sección antidisturbios de la Policía Foral, situadas en algunas de las calles de acceso a la Plaza Yamaguchi.

Las imágenes grabadas por Ahotsa.info y las que circulan en redes sociales dan cuenta de la gravedad de lo sucedido. Policías forales dispararon contra las personas que veían lo que ocurría desde el otro lado de la calle alcanzando a un hombre en la cabeza. Pese a que les advirtieron de la gravedad del impacto, los agentes siguieron disparando en esa misma dirección alcanzando a otras que trataban de socorrer al herido. Un testigo de los hechos así lo atestiguaba en el lugar de los hecho a Ahotsa.info.

El herido fue atendido en el lugar de los hechos por sanitarios y manifestantes, y posteriormente trasladado consciente a un centro hospitalario. Por ahora no hay detalles de su estado de salud.

Las balas de foam, sustitutas de las pelotas de goma

El protocolo general de uso de los proyectiles de foam (catalogado como munición de precisión para los agentes antidisturbios) lo aplica cada cuerpo policial según sus propias directrices. A día de hoy, estas balas son utilizadas por la Policía Foral y la Ertzaintza en Euskal Herria, y los Mossos d’Esquadra en Catalunya. Su implementación tiene como objetivo sustituir progresivamente a las denominadas pelotas de goma, consideradas mucho más lesivas y que han provocado heridas de gravedad a decenas y decenas de personas en Euskal Herria, incluso víctimas mortales, como Rosa Zarra o Iñigo Cabacas.

La Policía Foral eliminó por completo el uso de las pelotas de goma sustituyéndolas por lanzadores de 40 milímetros dotados de munición de precisión viscoelástica (foam). Si embargo, los agentes antidisturbios siguen utilizando las antiguas bocachas sin pelotas de goma como munición, solamente para hacer ruido y asustar a los manifestantes.

Las balas de foam se presentan, pues, como un proyectil que no provoca lesiones de gravedad, pero ya se ha comprobado que los daños en sus víctimas pueden llegar a ser sumamente lesivos. Hay varias personas que han perdido la visión de un ojo por su impacto.

Las instrucciones son claras: Los disparos deben dirigirse del abdomen hacia abajo. Solo se permite apuntar a las extremidades superiores si el individuo porta un arma blanca, un objeto contundente o un elemento arrojadizo que ponga en peligro directo a los agentes. No deben dispararse a menos de 20 metros, aunque organizaciones sociales han denunciado que a distancias de menos de 30 metros pueden provocar lesiones severas.


A diferencia de las pelotas de goma, cuya trayectoria es totalmente impredecible por el rebote propio del proyectil, las balas de foam son de impacto directo. Es decir, que la bala no se desvía e impacta en donde el agente apunta. Esto hace todavía más grave lo que ocurrió ayer en las cercanias de los Cines Golem, puesto que algunos de los impactos que Ahotsa.info pudo documentar eran en la zona superior del cuerpo, no en el abdomen o las extremidades inferiores, tal y como recogen los propios protocolos de la Policía Foral de cara a minimizar el riesgo de daños en órganos vitales.

Al tratarse de munición cinética expansiva (diseñada para deformarse y absorber el golpe sin perforar), el impacto a muy corta distancia puede ser crítico. Por ello, el operador del lanzador debe respetar las distancias mínimas de seguridad técnica recomendadas por el fabricante para evitar lesiones graves o penetrantes.

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