Sordera política

Zintzo M. Elorrieta

2026-ko urriak 29

Hace ya bastantes años, concluimos que la izquierda abertzale armada no escuchaba a la gente; es más, el problema es que no escuchaba ni a su gente. El proceso de paz, tal vez, fue producto de una concienzuda labor de enfermería social; costó tiempo quitar esos tapones, pero finalmente, y, sin duda, por la persuasión interna de las nuevas generaciones de militantes, se logró. Quedó la política por otros medios.

A la fecha de hoy observo con disgusto la deriva de la política institucionalizada de los herederos de esa izquierda independentista y otros que se dicen de izquierdas. Expulsar como se ha hecho a unos inmigrantes de espacios donde, por lo menos, podían pernoctar es, cuando menos, traspasar líneas rojas muy claras. Pero la deriva hacia la asimilación al régimen del 78 viene de atrás y en varias dimensiones. Poco a poco, bajo el discurso paradójico de una estrategia supuestamente “muy inteligente”, nos cuelan una mayor integración en las estructuras del sistema heredado. Suena mucho al PSOE de la transición. Asumir los alineamientos puntuales con sectores socialdemócratas y liberales conlleva aceptar, en virtud de un inocuo “imperativo legal”, presupuestos económicos que apuntalan la monarquía, las estructuras militares y de control social como la ley mordaza, así como el esquema básico del capitalismo avalado por su norma constitucional. Lo estamos viendo ahora mismo con la vivienda y el negocio inmobiliario. Nadie espera poner en su sitio a la banca, a las agencias buitre o a los terratenientes urbanos con propuestas contundentes de intervención del capitalismo inmobiliario. Supuestamente se “negocia” el negocio. Y podemos apuntar en esa deriva otros temas de calado como el medio ambiente y la escasa incidencia en el origen de mucha contaminación como son los productores empresariales, la insistencia en proyectos desarrollistas como el tren de alta velocidad, la nula perspectiva sobre la salud universal e integral con la pervivencia de las mutuas patronales, y, más de lo mismo en la línea de una universidad dentro del sistema educativo público y no subvencionada con migajas. Podríamos apuntar también la gestión elitista y autoritaria de los asuntos sanitarios de amplia repercusión poblacional (la brecha social del pasaporte COVID) o la persistencia de los privilegios estatalizados de la iglesia católica en lugar de una estado verdaderamente laico y aconfesional. Discursos de doble rasero con la industria y los presupuestos militares. O el genocidio en Palestina, mientras se sigue juzgando a defensores de los derechos humanos.

Mucho tiempo en los sillones de los parlamentos parece introducir a sus señorías en una burbuja insonorizada, como a los brokers de la milla de oro londinense, sordera política. Vienen las elecciones y, parece ser, los medios de adoctrinamiento auguran buenos resultados a la ultraderecha de PP, VOX, UPN y Cía. Se nos pide que por motivos pragmáticos nuestro voto sea útil con el fin de impedir un gobierno ultraconservador. La izquierda parlamentarista, incluida la nacionalista, basará su estrategia discursiva en alimentar la consigna del miedo a un gobierno neoliberal que tomaría medidas de mercadeo salvaje. Y sabemos que así puede ser; pero la existencia de parecidas medidas auspiciadas por la supuesta izquierda institucional nos sitúa en una posición harto difícil. En esta lucha permanente, no votar, en perspectiva histórica, incluso puede ser una manera de poner límites a la deriva de la política convertida en industria y burocracia; pues votar “útil” a PSOE & Cía parece más bien responder a élites conservadoras en lo social y económico que apuntalan el régimen en nombre de otro que dicen peor.

Es tiempo de promesas electorales. ¿Cómo va a hacer para que nos las creamos, aparte de remover el “que viene la derecha”?. Está en sus manos, ofrecer soluciones reales a las gentes damnificadas a la fecha de hoy por “políticas” neoliberales con cara de progre, como a las gentes de Aranzadi. Les recomiendo un poco de aceite social en las orejas antes del día de las elecciones, porque, posteriormente, cuando las cosas se pongan en su sitio, será demasiado tarde.

Gehiago