El valor ambiental de Sarbil frente al macroproyecto fotovoltaico

Fanny Urzaiz, Ivan García, Ciel Brooijmans y Rafa Izkue

Plataforma Cabezón de Etxauri Bizirik

2026-ko irailak 11

El macroproyecto fotovoltaico de Sarbil (Cabezón de Etxauri), promovido sobre terrenos de Etxauri, Cendea de Olza y Orkoien, amenaza una de las zonas de mayor valor ecológico y geológico del entorno de Pamplona/Iruña. El pasado abril, el colectivo “Cabezón de Etxauri Bizirik” presentó ante el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra un dossier de unas 260 páginas con 23 alegaciones ambientales, jurídicas y técnicas, para que el proyecto sea rechazado. También han pedido su paralización los ayuntamientos de Cendea de Olza, Salinas de Oro, Valle de Goñi, Bidaurreta, Belaskoain, Larraia, Izurzu, Lezaun, Otxobi y Sarasate, así como la Federación Navarra de Deportes de Montaña y Escalada, entre otros.

Esta carta resume las razones de una oposición que no nace de un rechazo a las energías renovables, sino de una convicción sencilla: al margen de la idoneidad de un macroproyecto energético diseñado con criterios de especulación económica, no todos los lugares son adecuados para albergar instalaciones industriales con impactos ambientales injustificados e irreparables.

La primera razón es el valor ambiental de Sarbil. La sierra alberga hábitats de interés comunitario y prioritarios protegidos por la Directiva Hábitats y la Red Natura 2000, entre ellos pastizales, matorrales y bojerales permanentes. El macroproyecto destruiría más de 80 hectáreas de hábitats de elevado valor ecológico. Los bojerales crecen sobre suelos muy someros y karstificados, donde difícilmente pueden desarrollarse bosques, y constituyen comunidades permanentes de especial interés. También existe flora protegida, como orquídeas silvestres y otras especies catalogadas.

Sarbil es además zona de cría, alimentación y tránsito de numerosas aves protegidas, entre ellas el águila de Bonelli, el alimoche, el águila real, el milano real y el halcón peregrino. Algunas de las especies presentes están catalogadas como vulnerables o en peligro de extinción, y figuran en la Directiva Aves y los catálogos español y navarro.

Pero su impacto va más allá de la presencia de determinadas especies. Sarbil forma parte de un espacio de conectividad ecológica que permite el desplazamiento de la fauna y el intercambio genético entre núcleos naturales. Por eso, el impacto de las nueve plantas no puede medirse únicamente por la superficie ocupada por los paneles. Viales, vallados, zanjas y líneas eléctricas fragmentarían un territorio que actualmente funciona como un conjunto. Las alegaciones cuestionan, además, que se hayan evaluado suficientemente los efectos acumulativos y sinérgicos de las nueve instalaciones.

La segunda razón está bajo nuestros pies. Sarbil se asienta sobre un sistema kárstico, una red de grietas, fracturas y cavidades por las que circula el agua subterránea. Alterar este terreno modificaría el equilibrio hidrogeológico, es decir, el curso natural del agua, y podría afectar directamente a los acuíferos que alimenta, con consecuencias imposibles de revertir.

A esta fragilidad se suma el riesgo de contaminación. En los sistemas kársticos, el agua puede desplazarse rápidamente desde la superficie hacia el acuífero, con una capacidad de filtración natural muy limitada. El proyecto introduciría kilómetros de zanjas y conducciones eléctricas, PVC, centros de transformación con aceites y otros materiales asociados a su construcción y explotación. Todo ello se proyecta aguas arriba de distintos manantiales alimentados por este sistema, entre ellos el de Arteta.

La tercera razón es la ordenación del territorio. Buena parte de los terrenos afectados están reconocidos como suelo no urbanizable de protección por su valor ambiental, paisajístico o de conectividad. El POT 3 del Área Central identifica esta función ecológica en Sarbil.

Tanto en la fase de construcción, pero sobre todo en la fase de explotación de la instalación, se aumentaría el riesgo de incendio forestal, bien sea por el acceso de vehículos rodados y personal, bien sea por los posibles pero reales riesgos generados por un cortocircuito en los miles de conductores eléctricos y conexiones que existirían en la instalación industrial de generación eléctrica con fotovoltaica en la zona alta del Sarbil.

Ahora la decisión está en manos del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Navarra, que deberá defender la legislación vigente, el territorio, el medio ambiente y el sentido común, emitiendo un informe desfavorable que cierre definitivamente este sinsentido. Llegados a este punto, confiamos en que quienes promueven el proyecto a nivel político y a nivel económico no puedan interferir en la objetividad, la independencia y el rigor técnico de las personas que deben analizar y realizar la evaluación ambiental. Permitir el macroproyecto de Sarbil supondría abrir la puerta a una degradación irreversible de un enclave singular de Navarra. Por responsabilidad ambiental, jurídica y territorial, el Gobierno de Navarra rechazará este proyecto. Ahora la responsabilidad recae sobre el Departamento de Medio Ambiente.

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