Donostia: Cenas solidarias, pintxos y turisteo

Sabino Cuadra Lasarte

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La pobreza siempre ha sido sospechosa y mal vista por los de arriba. Tan solo suele ser aceptada ésta cuando extiende su mano y humilla la frente ante el de arriba en petición de limosna o comida. Eso sí, siempre que todo se haga dentro de un orden y por el conducto reglamentario. La razón de esa sospecha para con el pobre está en cualquier caso fundada, pues han sido numerosas las veces en la historia en las que esas gentes empobrecidas han pasado de pedir caridad, a exigir justicia, y eso es harina de otro costal. Por eso la pobreza hay que vigilarla, reglamentarla, invisibilizarla y, si es preciso, acabar con ella cuando sale respondona.

El alcalde de Donostia, Jon Insausti, ha acordado la prohibición total de las cenas solidarias en la calle que Kaleko Afari Solidarioak (KAS) venía haciendo desde hace ya casi seis años. Este trabajo se ha realizado gracias a una extensa red de personas voluntarias, mujeres en su gran mayoría, y una retaguardia de apoyo formada por panaderías, tabernas, sociedades… Gracias a ello, más de 300 cenas estaban siendo cocinadas y servidas diariamente, incluidos fines de semana, a personas sin hogar. Para muchas de estas gentes, ésa era su única comida diaria.

Lo anterior no ha sido nunca del gusto del alcalde, quien finalmente ha decidido acabar con ellas. Para ello ha escarbado en el cajón de las ordenanzas municipales a fin de buscar en ellas algo con lo que hacer un traje a medida de su prohibición. Y ha concluido que las cenas solidarias eran un cáncer atentatorio contra la salud pública, la seguridad ciudadana y el uso de los espacios urbanos. ¡Ahí es nada!

El informe elaborado al efecto por la Guardia Municipal señala que la mayor parte de las personas beneficiarias eran extranjeras (¡turistas no, sino “extranjeras”), de procedencia norteafricana. Y como quien no quiere la cosa, añadía que “en muchas ocasiones, en torno a las cenas, se desarrollan comportamientos incívicos, peleas entre los propios usuarios, a menudo con utilización de armas blancas u objetos peligrosos, y además una proliferación de hurtos, robos, consumo de estupefacientes…” En resumen, un nido de peligrosa delincuencia que atentaba contra las más elementales normas de convivencia ciudadana. Afirmación chusquera de manual. Criminalización social.

Hablando un poco de este tema, Bertold Brecht, poeta y dramaturgo alemán que vivió bajo el régimen nazi escribió: “Para los de arriba, hablar de comida es bajo. Y se comprende, porque ellos ya han comido”. Para el alcalde de Donostia, que es uno de los de arriba, esas 300 personas cenando en la calle es un incordio, un grano en el culo de su bella Easo. Pensó en su momento que la solidaridad cedería y que la gente que la hace posible se cansaría, pero nada de esto ha ocurrido. Y así hemos estado hasta ahora, en vísperas de la Semana Grande donostiarra, con esa gangrena sin amputar.

En los mismos días en los que se dio la noticia, otras dos más fueron también dadas a conocer. La primera venía de Nafarroa, donde un estudio realizado conjuntamente entre el Banco de Alimentos de Navarra y la Universidad Pública, recordaba una vez más que el riesgo de exclusión social lejos de disminuir, sigue aumentando. Se hablaba así de la figura del “trabajador empobrecido”, pues hoy ya tener un empleo no garantiza escapar de la pobreza ni del riesgo de exclusión social. Se apuntaba como causa de esto los bajos salarios, el incremento del coste de vida y el precio de la vivienda.

La segunda noticia, ligada a lo anterior, tiene que ver con la insultante lista de beneficios obtenidos por la Banca y las principales multinacionales españolas durante el primer semestre del año. Los seis bancos cotizados (Santander, BBVA, Caixa Bank, Sabadell, Bankinter y Unicaja), han obtenido unos beneficios netos de 18.000 millones de euros, un 5,5% más de promedio, bastante superior al 3,3% del IPC en el mismo tiempo. Por su lado, Repsol, ha multiplicado en un 3,7 sus ganancias (2.202 millones) e Iberdrola un 21,7%. Crecen los ricos en su riqueza y los pobres en su pobreza. Si tan solo una parte de esos beneficios desvergonzados se vehiculizaran vía impuestos a incrementar el bienestar social general, la exclusión social se batiría en retirada, pero no hay interés en ello. La pobreza es muy rentable para algunos pocos.

El alcalde de Donostia he señalado como una de las razones para justificar su decisión el hecho de que las cenas solidarias han creado un “efecto llamada” en las localidades vecinas, razón por la cual un buen número de beneficiarios de éstas no eran donostiarras. De esta manera, en vez de valorar como algo positivo que en Donostia se impulsen experiencias solidarias de este tipo, se concibe esto como algo negativo. La solidaridad no vende. Otra cosa es el efecto llamada derivado de la elevación a los altares, tanto institucional como comercialmente, de los pintxos de la Parte Vieja, la playa de la Concha y los abundantes servicios y atenciones turísticas de la ciudad.

La frase “Panen et circenses”, o sea, “pan y circo”, se acuñó en tiempos de los césares imperiales romanos. Hace referencia hoy a la política llevada a cabo por algunos –muchos- gobiernos o grupos de poder, a fin de mantener a la población distraída y contenta, dándole ajustada comida y abundante entretenimiento, a fin de que se olvide de los problemas que les afectan. En las fechas que corren, todo vale: mundiales de fútbol, encierros de toros, conciertos y festivales, grandes fiestas patronales… Pero el circo no solo hay equilibristas y payasos para divertir a la gente, sino también gladiadores esclavos que se matan entre sí y leones que devoran a quienes huyen de la pobreza y las guerras.

La prohibición de las cenas solidarias es una forma de arrojar la gente a los leones del hambre, la calle y la criminalización social. Se persigue la pobreza y la solidaridad. La Donostia securitaria vendida hoy al turisteo así lo exige. Pura obscenidad.

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