Por todas las Philomenas

Érase una viejecita con tantos hijos y nietos, tan chillones, juguetones, tan ruidosos y traviesos, que jamás en casa alguna los vecinos la quisieron. Y entonces la viejecita, con sus hijos y sus nietos su casa hizo en un zapato; ¡y allí viven tan contentos! Poema: “Una casa en un zapato” (anónimo)

Laura Berro, concejala de Aranzadi en el Ayuntamiento de Pamplona.

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Muchos son los poemas, piezas musicales, películas o documentales que desarrollan su
narración en el interior de una casa. O que suponen en sí mismos una oda a la casa.
Millones de líneas y de minutos dedicados al espacio íntimo de cada una, al lugar donde se
acude a descansar, estudiar, comer, jugar, pensar… Un lugar sin el que la vida se hace
prácticamente inllevable. El sentido común de que el acceso a una casa, a una vivienda
digna es algo fundamental aparece tanto en los poemas infantiles populares (como el de
más arriba) como en la propia Constitución española. 

A pesar de todo ello, este derecho fundamental se ha visto atacado con especial virulencia
desde los años 60 durante el Franquismo. Desde los poderes privados y con la absoluta
complicidad de los públicos, se ha limitado el derecho a una vivienda digna llevándolo a la
confrontación con el
derecho privado. “Queremos un país de propietarios, no de proletarios”, decía José Luis
Arrese, Ministro de Vivienda con el dictador Franscisco Franco, ansioso de crecimiento
económico. De aquellos barros, estos lodos. 

Los movimientos pro derecho a la vivienda que comenzaron hace ya unas dos décadas,
como V de Vivienda, Plataforma por la Vivienda Digna y la Plataforma de Personas
Afectadas por la Hipoteca (PAH), denunciaron este contubernio entre intereses privativos y
políticas públicas. Además de que alertaron de que la burbuja de la vivienda iba a estallar
tarde o temprano. Pocas y pocos les escucharon. A pesar de la gran crisis de 2009, ni los
gobiernos centrales ni los autonómicos en Nafarroa se han atrevido a atajar la privación de
este derecho fundamental de miles de nuestras conciudadanas y conciudadanos. 

Desde Aranzadi hemos insistido desde inicios de la legislatura en que está pendiente: la
regulación de los mercados de compra y de alquiler; la creación de un parque público de
vivienda suficiente y con precios accesibles; la generación de una oficina de vivienda
realmente efectiva y que fiscalice a los propietarios; el control directo a las entidades
bancarias; la adecuación de las viviendas públicas. En Pamplona, el actual gobierno
municipal ha expulsado a personas que ocupan estas infraviviendas sin tener una alternativa
habitacional.

Consecuencia de ello, en Navarra existen ahora 20.000 viviendas vacías, el 12,7% según el
último censo; y en Pamplona más de 5.000 viviendas desocupadas con seguridad según un
estudio municipal publicado en 2015. La burbuja de los precios de la vivienda de alquiler
ahoga a miles de vecinas y vecinos debido a la tendencia alcista de los últimos años –en
torno al 10%-. Miles de pamplonesas y pamploneses que tienen que destinar el 40% de su
salario para poder acceder a esta necesidad básica. En 2017 se produjeron 254 desahucios
de familias que no podían pagar el alquiler. 

El Ayuntamiento de Pamplona ha rehabilitado en tres años 118 viviendas. No obstante,
según cifras recientes del área de Patrimonio, el gobierno municipal tiene otras 206
viviendas vacías sin arreglar, cuando al mismo hay una lista de espera de más de 200
personas para acceder a una Vivienda de emergencia social. Este mes de noviembre de
2018 por fin aprobamos la Tasa para gravar la vivienda vacía. Pero llega tarde y, a condición
de lo que haga Gobierno de Navarra en su Decreto Foral y su Registro Oficial de Vivienda
vacía. Aprobación que llegará justo unas semanas antes de las elecciones de 2019. 

Llevamos más de dos años alertando al alcalde Joseba Asirón, a EHBildu y a Geroa Bai de
esta situación y denunciando públicamente la falta de priorización en las actuaciones en
materia de vivienda pública. ¿Quiénes son las más afectadas? Como en casi todo, las que
enfrentan el mayor número de ejes de desigualdades del sistema. En marzo del pasado año
2017, desde el área de Igualdad y LGTBi organizamos el programa “Una habitación no es
un hogar”, junto con Apoyo Mutuo-Elkarri Laguntza y de la PAH, para visibilizar la situación
de muchas familias monomarentales. 

Está claro que el caso de Philomena no es un caso aislado y que es la consecuencia de la
lentitud y la falta de una apuesta clara en las políticas públicas de vivienda. Celebramos la
solución al problema de esta mujer. Pero el actual gobierno de Asirón, EHBildu y Geroa Bai
y el Gobierno de Navarra deben entender que: Ayudar a una sola Philomena es caridad.
Ayudar a todas las Philomenas es justicia social.

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