No es coronavirus, es capitalismo

Hubo un poeta que trabajó en un matadero. Nunca se duchaba al salir de la fábrica. Olía a sudor y sangre. El sudor se perdía pero el olor a sangre cobraba fuerza. Cuando subía al autobús con las almas de todos los animales muertos que viajaban con él, las cabezas volteaban discretamente, la gente se levantaba y se alejaba de él.

Goio González, afiliado a CGT-LKN Nafarroa

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Pero él quería oler a sangre, porque degollar a los animales y lavarse las manos le era impropio, tan impropio como lo es privatizar la sanidad, recortar y lavarse las manos.

“Si paseáis por las avenidas de la muerte, lavaros las manos”, nos dicen, “que los hospitales huelen a sangre y los vertederos se llenan de tumbas”.

Como este virus no entiende de clases, nuestro confinamiento, sobreexposición laboral, no son por nosotras y nosotros. Es por quienes nos roban protegidos con guantes blancos, por quienes se lavaron las manos.

Cuando los cuerpos armados dejen de amenazarnos al final de este encierro, vamos a dejar de portarnos bien con el capitalismo, el genocida más respetado del mundo, el big data que no para de observarnos y controlarnos, se acabó, vamos a salir a la calle en masa para desparasitar a esta sociedad, para que devuelvan lo robado al bien común, nos llevaremos las rosas de las avenidas de la muerte, para que se repartan por todos los rincones del mundo, entre las personas más desposeídas, construyendo una red global de apoyo mutuo para recuperar un planeta al que el subdesarrollo le devuelva la vida.

Gehiago