Ni ICE Europeo, ni ná. Es Europa siendo Europa

Flavia Navarrete

SOS Racismo Nafarroa

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Hace un par de días me desperté con la noticia de que el Parlamento Europeo había aprobado un nuevo reglamento que permitirá acelerar las deportaciones e incluso trasladar a personas migrantes a centros fuera de la Unión Europea. Titulares como “Un ICE en Europa” o “¿Europa está creando su propio ICE?” inundaban internet.

A muchas personas esto puede sorprenderles, incluso asustarles. A mí no.

Desde que tuve que exiliarme por motivos políticos hace ocho años, he sido testigo de la necropolítica migratoria que atraviesa Europa. En el Estado español, cada día, personas racializadas son perseguidas e identificadas bajo la excusa de controles rutinarios. Pero no lo son. Son paradas por perfil racial: una práctica racista mediante la cual los cuerpos de seguridad vigilan, amedrentan y controlan a quienes son leídos como no blancos.

Los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) son otra pieza clave de este sistema. Son, en la práctica, cárceles para personas migrantes en situación administrativa irregular. Y aquí aparece una de las mayores contradicciones: estar en situación irregular es una falta administrativa, no un delito. Sin embargo, puede implicar la privación de libertad durante más de 60 días.

En 2020 se destinaron millones a Frontex, el brazo operativo de la Unión Europea en materia migratoria, señalado en múltiples informes por vulnerar derechos fundamentales de miles de personas que intentan llegar a territorio europeo. Hace más de veinte años que esta agencia opera con una impunidad sostenida, ampliamente documentada por organizaciones de derechos humanos.

¿Necesitamos ver redadas todos los días para indignarnos? ¿Tenemos que presenciar cómo persiguen a niñes y adolescentes en las escuelas para salir a las calles?. En el Estado español tenemos miles de ejemplos: Lucrecia Pérez, Elhadji, Abdherrahim, Mahamedi, Melilla, Tarajal… y la lista sigue.

Esta es la verdadera cara de Europa: una Europa hipócrita que, desde hace más de 500 años, ha sostenido su riqueza sobre el expolio y saqueo de los pueblos del sur.

Lo que estamos viendo ahora no es un cambio de rumbo promovido por la extrema derecha, sino una profundización de una política que ya existía: la externalización de fronteras, la criminalización de la migración y la normalización del encierro como herramienta de gestión migratoria.

Hablar de un “ICE europeo” puede parecer exagerado, pero lo cierto es que Europa lleva años construyendo un sistema que, aunque con sus propias formas, persigue el mismo objetivo: controlar, expulsar y disuadir a través del miedo.

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