Medios de comunicación y vergüenza de ser paya

La semana pasada, ETB2 proyectaba un reportaje sobre el pueblo gitano titulado "Gitanos, rompiendo estereotipos". Quisiera comenzar valorando que se aprecia un esfuerzo por parte de los/as responsables de este programa en mejorar la forma de abordar la realidad del pueblo gitano que habitualmente aparece en los medios.

Marta Pérez Arellano, militante antirracista

2017-ko martxoak 29

Así mismo, en dicho reportaje aparecen

testimonios muy interesantes de gitanos y gitanas que exponen sus perspectivas sobre

diferentes temas.

Ahora bien, si el objetivo de esta cadena televisiva era, como indica el título del reportaje,

romper los estereotipos sobre el pueblo gitano, considero que éste no se ha cumplido en

absoluto. 

Así, visionando este documental he vuelto a sentir el gusanillo de eso que, a falta de un

nombre mejor, he denominado “vergüenza de ser paya”. Este sentimiento, a mi pesar, me

aqueja con frecuencia: cuando alguien cuenta un chiste racista, cuando en distintas

instituciones, como Lanbide, observo el maltrato que cotidianamente se ejerce sobre gitanos y

gitanas o, también, cuando en los medios de comunicación de masas se trata “el tema gitano”. 

En este último caso, el sentimiento de vergüenza tiene que ver con la forma en que los medios

masivos siguen manipulando la imagen gitana. Resulta evidente que el pueblo gitano sigue

siendo minoría, no tanto por su número, sino por su no-acceso a los espacios de poder

hegemónico, entre ellos los grandes medios de comunicación. Dichos medios no sólo

reproducen, sino que son creadores de opinión, fundamentales por ello en la conformación del

racismo. 

Actualmente, los medios masivos reflejan lo gitano como “un otro” raro, exótico o desviado, al

que se puede observar y juzgar, diseccionándolo bajo los focos como si de un animalillo de

laboratorio se tratara; asediándole con preguntas sobre su identidad, su cultura, o sus valores.

Todo ello, desde una perspectiva etnocéntrica, homogeneizadora y reduccionista que focaliza

esa visión de “lo gitano” en aspectos concretos muy parciales y folclorizados. 

Considero que este reportaje incurre en una grave contradicción de base, como señalaba

alguno de los entrevistados, cuando una vez más se le pregunta a gitanos y gitanas por “el rito

del pañuelo”, ”el machismo y la homofobia gitanos” o “el destierro”; los trending topics

mediáticos sobre lo gitano que nunca fallan a la hora de fomentar el morbo y aumentar las

audiencias. 

Es desesperante asistir a esta continua caricaturización del pueblo gitano, como si gitanas y

gitanos no fueran personas que forman parte de esta sociedad, con opiniones individuales y

perspectivas diversas sobre cualquier asunto. Sería interesante que, para variar, se les

preguntara sobre el referéndum en Cataluña, las luces y sombras de la ley contra la violencia

de género, el gobierno de Trump, las declaraciones de Rajoy sobre el desarme de ETA o la

última versión del sistema Linux. 

En definitiva, considero que la ausencia flagrante de gitanos y gitanas en los espacios

habituales de los medios de comunicación refleja claramente los altísimos índices de racismo

gitanófobo que aquejan a nuestra sociedad y sus instituciones. Así que a ver si por fin algún

medio masivo de comunicación deja de hacer reportajes sobre “los gitanos” y se pone manos

a la obra para incluir personas gitanas dentro de la programación habitual, en los espacios

dedicados a la política, la ciencia o el cine, por ejemplo. Creo que esto sí supondría un paso

adelante hacia eso que llaman igualdad de trato.

Gehiago