Los Caídos, hacia el centro activista de la memoria

Regresamos de vacaciones y el Ayuntamiento de Pamplona vuelve a traer la penúltima asignatura pendiente del cambio: el destino definitivo de Los Caídos. Y de nuevo nos presenta la enésima versión del concurso de ideas, cuya iniciativa no sería mala si no fuera lo que parece: un concurso-trampa para atrapar las ilusiones del cambio de política memorialista.

Laura Berro, Josune Gorriti y Andoni Romeo. Aranzadi.

2018-ko urriak 10

Un concurso sin cronograma ni tiempo para
materializarse en esta legislatura. Con un jurado ‘cooptado’ por una
mayoría de vocales de la institución. Sin presupuesto para la ejecución
del proyecto. Sin verdadero proceso participativo. Y, como punto de
partida, sin una situación legal clara y despejada, ya que no cuenta
con una descatalogación previa, imprescindible tanto para su eventual
derribo como para intervenciones significativas ¿Un concurso o un
brindis al sol? Sin duda, habría que analizar a fondo el porqué y el
cómo de esta indefinición, para poder entender la magnitud del fiasco. 

¿Y cómo hemos llegado a esta situación? Algo tendrán que ver las
actitudes de los dos socios del actual gobierno municipal. Veamos. 

Después de casi tres años y medio de legislatura EH Bildu sigue sin
hacer los deberes. Se durmió en los laureles de la exhumación de
Mola y Sanjurjo de 2016. Así es; las jornadas que organizó allá por
marzo de este año, si bien trajeron a un puñado de ponentes
interesantes, no contaron con verdadera participación ciudadana y, en
el colmo de la insensibilidad, se realizaron sobre la cripta siniestra en
la cual todavía se celebran misas golpistas. Tampoco ha sido capaz
de mantener una interlocución en condiciones con el movimiento
memorialista, ni de escuchar sus propuestas. Ni siquiera ha apagado
las luces y la fuente que enaltecen el edificio como monumento
fascista, o de colocar un sencillo panel explicativo –como se hizo
frente al óculo con laureada franquista de Diputación- en el exterior…
En las manos expertas del concejal de urbanismo, Los Caídos se ha
convertido en un nuevo juego de trile, para despistar a la ciudadanía,
mientras se pierde el tiempo para no asumir un posible conflicto que
les desborda y les asusta. 

Por otra parte, a Geroa Bai le ha faltado tiempo para sorprendernos
utilizando la memoria histórica como ariete para gestionar el ‘affaire
Maravillas’, a golpe de porra o de comunicado contra el Gaztetxe de

Alde Zaharra, proponiendo la ubicación del Instituto Navarro de la
Memoria en el Palacio del Marqués de Rozalejo, vacío desde hace
veinte años. Si queremos que este Instituto no sea una cortina de
humo ni una mera iniciativa burocrática o académica, suponemos que
habrá de contar también con ese sector de la juventud que ha decidido
adoptar a Maravillas Lamberto como inspiración… 

Pero todo sea por el (re)cambio tranquilo… Si eso ya veremos en la
próxima legislatura que, si volvemos a ganar, si somos capaces de
ponernos de acuerdo, si dejamos de tutelar y marear el proceso, si nos
tomamos la memoria de la ciudad en serio, etcétera, entonces,
entraremos en la segunda fase y convocaremos el ‘concurso del
concurso’… o si no, tranquilos, que en 2019 ya volverá UPN, que tiene
un bonito proyecto de Museo de la Ciudad en la cartera, para que la
dictadura del olvido vuelva a instaurarse en Pamplona. ¡Cuánta
irresponsabilidad! 

En Aranzadi conviven personas partidarias del derribo de Los Caídos y
partidarias de su reutilización memorialista, las dos únicas opciones
que consideramos legítimas. Y lo que nos une es la apuesta por
convertir ese lugar en un centro diferente de memoria histórica. Un
centro innovador de memoria viva, basado en la cultura de la paz,
intergeneracional y participativo, crítico y alternativo, diverso y
feminista, como nodo central de una red en Navarra -y de gestión
autónoma, a resguardo de veleidades partidarias-, que transforme
Pamplona, convirtiéndola en nuestra capital de la memoria histórica.
Por ello, entendemos que el debate sobre su derribo o reutilización,
pese a su ruido y virulencia, es secundario y engañoso y solo tiene
sentido como materialización del mejor proyecto de centro
memorialista para la ciudad: aquel que consiga pasar el testigo de la
memoria del terror de los asesinos y de la dignidad de las víctimas a
las nuevas generaciones. Por ello, no queremos museos ni jardines
sin memoria, ni nos valen posiciones simplistas o concursos
manipulados, sino un genuino proceso de participación ciudadana que,
finalmente, tenga su piedra de toque en una consulta popular. La
ciudad debe hablar para que ningún político interesado imponga sus
decisiones. 

Reconocimiento, verdad, justicia y reparación para la memoria de las
víctimas del 36 –y para todas las memorias alternativas invisibilizadas-

desde un centro de activismo memorialista que, como el Ángelus
Novus de Klee, interpretado como el ángel de la historia por Benjamin,
mirando al pasado avanza hacia el futuro.

Gehiago