La UE impotente ante la crisis climática
Ramón Contreras López
Forma para de NEETEN
2025-ko abenduak 24
La Comisión Europea ha propuesto la retirada de la prohibición a la comercialización y producción de vehículos de combustión fósil establecida a partir del año 2035. Esta medida -que debe ser aprobada en el Consejo y en el Parlamento Europeo- es producto de la presión de los grandes corporaciones del automóvil y de países como Alemania, y representa un torpedo contra la línea de flotación de los acuerdos establecidos en el Pacto Verde Europeo.
La propuesta se anuncia en el momento en el que las emisiones de gases de efecto invernadero en el mundo aumentaron un 2,3% en 2024 con respecto al año anterior. Se quema más carbón que nunca. Y en el año 2025 el consumo de combustibles fósiles y las emisiones de CO2 alcanzaron máximos históricos, con un crecimiento global del 1,1% respecto al año anterior, a pesar del aumento de energías renovables.
Con lo que la superación del umbral de aumento del 1,5 º C en la temperatura media de la Tierra en los próximos años, es más que una posibilidad, con las consiguientes consecuencias catastróficas.
Coincide también con la celebración de la COP30 en Belém (Brasil), que ha resultado un fiasco como las ediciones precedentes
¿Por qué este retroceso en los objetivos europeos de descarbonización en momentos tan críticos para el futuro del Planeta?
La respuesta es doble: por la propia inconsistencia del Pacto Verde Europeo y por la falta de autonomía económica y política de la misma Unión Europea.
Efectivamente, el Pacto Verde Europeo, adoptado en diciembre de 2019, con el objetivo de transformar la economía europea hacia la neutralidad en carbono para 2050, ha entrado en un punto muerto en el año 2025.
A pesar de la cantidad de millones de euros invertidos, las emisiones de efecto invernadero han ido aumentando cada año. Las medidas adoptadas han sido en detrimento de las pequeñas explotaciones agrícolas, y los hogares de clase trabajadora, dando prioridad a las poderosas agroindustrias corporativas y a las grandes empresas energéticas.
El Pacto Vede ha sido un buen negocio para el capital al mismo tiempo que ha demostrado su incapacidad para frenar el desastre ecológico.
Por otra parte Europa está más que nunca sometida política, económica y militarmente a los EE. UU. El modelo social europeo -si alguna vez existió- está en crisis. La economía europea se ha entrelazado estrechamente con los capitales norteamericanos, con las grandes corporaciones empresariales y los fondos de inversión.
La Unión Europea está gobernada por una clase política extremadamente dependiente de los principales poderes económicos. Es una estructura de poder oligárquica que expropia la soberanía de los pueblos y donde las decisiones se toman en lugares donde no llega la democracia ni el control popular.
Es un modelo neoliberal y subalterno contra la democracia y los derechos sociales. La OTAN se ha convertido en la dirección estratégica de la Unión Europea, sometida a los intereses políticos y militares norteamericanos. Los mayores ejemplos de ello son el vergonzoso posicionamiento de la Unión Europea con relación al genocidio de la población palestina por parte del Estado de Israel con la complicidad de la Administración Trump; la aceptación de la propuesta de los EE. UU en la guerra de Ucrania contra Rusia; o la sumisión a los chantajes de los aranceles impuestos por el inquilino de la Casa Blanca.
Nos encontramos en una encrucijada. El planeta arde, hay tormentas e inundaciones, debido a un sistema que busca insaciablemente convertir la vida, simultáneamente, en un recurso de explotación y en un objeto de consumo. La crisis climática nace del implacable impulso del capitalismo por degradar a las personas, los animales, las plantas y el planeta en aras del beneficio.
El sistema capitalista se basa en el colonialismo, la esclavitud, la esquilmación y la destrucción de los pueblos indígenas. Algo que tuvo y tiene notables efectos sobre el clima. La búsqueda de las necesarias soluciones precisa de llamar a las cosas por su nombre y por situar correctamente donde se encuentran las causas generadoras de la actual crisis climática.
Necesitamos construir otro relato distinto al relato del poder. Sin este punto de partida no podremos formar las coaliciones de clase necesarias para hacer frente a los actuales retos. Si no situamos la lucha de clases y de los pueblos colonizados como el centro de la batalla por una democracia radical e igualitaria, no podremos conseguir que la vida en todas sus manifestaciones sea protegida y defendida, más allá de su valor comercial capitalista.
Las luchas de cada pueblo y localidad contra los macroproyectos solares y eólicos, contra las macro granjas, las grandes plantas de biometanización, las grandes infraestructuras del agua, los trenes de altas prestaciones…. constituyen los mimbres de esa alianza por la vida que necesitamos levantar.
