Ecuador, radiografía de un levantamiento

Ecuador ha provocado, durante doce días, un inusual interés informativo. ¿Motivo? El levantamiento popular que ha tenido lugar en dicha República del 3 al 15 de octubre. El detonante fue el mensaje que el Presidente Moreno dirigió a la nación un día antes aunque, a decir verdad, ya hacía mucho tiempo que el ambiente se estaba caldeando.

Jesús Valencia Internacionalista

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Al dictado del FMI

En febrero de este año el Gobierno ecuatoriano había suscrito un acuerdo de financiación exterior con el FMI por 4.200 millones de dólares: como es habitual, la entidad prestataria exigió la aplicación de medidas de austeridad: ajustar el gasto público, bajar los salarios y el costo laboral, abrir las economías y reformar las leyes laborales…Moreno, desde que accedió a la Presidencia de la Nación en Mayo de 2017, había despedido a 23.000 funcionarios pero dichas medidas, a criterio del FMI, no eran suficientes.

El decreto 883 del 2 de octubre incrementaba la asfixia de los sectores populares: las vacaciones de los empleados públicos se reducían de 30 a 15 días al año; los trabajadores de empresas públicas aportarían cada mes con un día su salario; las reformas laborales regirían los nuevos contratos; debilitamiento de los sindicatos; ausencia de derechos laborales en la agroindustria, subida de la edad de jubilación… Y, quizá la medida más agresiva, el decreto eliminaba el subsidio al combustible que estaba en vigor desde hacía 40 años. El durísimo paquetazo condenaba a la pobreza a millones de ecuatorianos. Consciente de esta barbaridad, el Gobierno contemplaba ofrecer un bono-miseria: compensación mensual de 15 euros a las familias más desfavorecidas.

Las aguas bajaban revueltas

El decreto 883 fue la gota que colmó el vaso. Muchos factores habían ahondado la fractura ya existente entre el Gobierno de Moreno y la sociedad ecuatoriana. Buena parte de esta lo considera traidor a Rafael Correa, de quien fue vicepresidente durante seis años, Y, sobre todo, traidor a sus propias promesas: “Al final de mi mandato –prometió Moreno- quiero poder decir que se erradicó la desnutrición infantil, la pobreza extrema, la corrupción y la falta de emprendimiento juvenil”. Mientras cualquier vendedor ambulante se ve obligado a pagar todos los impuestos que se le imponen, el Gobierno actual de Ecuador condonó las deudas tributarias a las grandes empresas por un monto de 4.500 millones de dólares.

El escoramiento de Moreno hacia las políticas imperialistas de Norteamérica ha sido escandaloso: cesión de las islas Galápagos para que Estados Unidos instale una base militar, feroces ataques a Venezuela desde el cartel de Lima, contribución activa a la disolución de Unasur y fundación de Prosur junto con Macri, Piñeira, Bolsonaro e Iván Duque. Así se explica la evidente confrontación de clases que se manifestó en Ecuador durante los días del levantamiento: mientras los oprimidos del país comenzaban a movilizarse en contra del decreto, estas fueron las fuerzas que aplaudieron la medida: la derecha ecuatoriana, el FMI y la diplomacia norteamericana.

El pueblo se levanta y el Gobierno reprime

A las pocas horas de conocerse el “paquetazo”, ya comenzaron las movilizaciones espontáneas en distintas partes del país. Las diferentes federaciones de transportistas advirtieron que sus vehículos no podrían seguir circulando con un incremento del 123% en el costo del combustible y así lo hicieron. Ya el día 3 se produjo una paralización casi absoluta de vehículos y comenzaron los disturbios en diferentes puntos del país; a los transportistas se unieron profesores y estudiantes universitarios. Moreno advirtió: “las medidas tomadas son inamovibles”.

Como en todos los conflictos de clase, la descalificación de los sectores movilizados fue implacable (“zánganos, vándalos, ladrones”). La escandalosa desinformación fue posible gracias al alineamiento de los grandes medios con las tesis gubernamentales y a la neutralización de Telesur: se señaló a los emigrantes venezolanos, a Correa y Maduro como responsables del levantamiento.

El Gobierno respondió con extrema violencia desde el primero momento. El 3 de octubre decretó el estado de excepción por un periodo de 60 días. Posteriormente, y desde su bunker de Guayaquil, decretó el toque de queda nocturno. La represión policial, reforzada por el ejército, se incrementó de modo exponencial. El balance final de esta brutalidad fue de varios cientos de detenidos, 1.340 heridos y ocho fallecidos.

Los pueblos originarios irrumpen con fuerza

Tras dos días de inactividad, las federaciones de transportistas dieron por finalizado el paro. Las 15 nacionalidades indígenas, por el contrario, se ratificaron en él y asumieron, desde aquel momento, el liderazgo de la respuesta popular. Fueron, con mucho, el sector social que más personas movilizó, el que más presión ejerció, el que más represión tuvo que soportar y el que más personas perdió en el levantamiento. Sobra decir que fue el que más descalificaciones escuchó. El acendrado racismo de las burguesías criollas agoto el repertorio de insultos contra los pueblos originarios; siempre los ha considerado como una gente extraña y, cuando se moviliza, peligrosa (“que se regresen a los campos estos indios carajos”)

Asentados en muchos territorios del país, son capaces de inmovilizarlo cuando se lo proponen y resulta muy difícil neutralizarlos. Cuando Moreno supo que los pueblos originarios se dirigían hacia Quito, le pudo el miedo y decidió trasladar la sede presidencial a Guayaquil.

La historia del reciente levantamiento ha vuelto a desmontar la ridícula hipótesis de que los pueblos originarios mantienen unos vestigios folklóricos pero que, como sujeto histórico, quedaron absorbidos por el régimen colonial y luego por el republicano. La historia de Ecuador lo contradice y confirma el importante papel que han desempeñado las mujeres en anteriores levantamientos indígenas: el de Kayambi (1919) fue encabezado por Encarnación Colcha: el de 1931 por Dolores Cacuango y Transito Amaguaya.

En el reciente levantamiento, la Coordinadora Nacional de Organizaciones Indigenas de Ecuador (CONAIE) ha marcado los ritmos. Incorporó a las reivindicaciones generales otras específicas en contra del extractivismo minero. Su proyecto político contempla, entre otros apartados, un plan plurinacional en defensa de la soberanía de las nacionalidades indígenas; la educación en general y la educación bilingüe en particular. Su estrategia de lucha la han refrendado en una consigna mil veces repetida en estas fechas “¿Cómo luchan los pueblos del Ecuador? Diciendo-haciendo, diciendo-haciendo, diciendo-haciendo, ¡carajo!”.

Cuando llegó el momento de los acuerdos, la CONAIE fue la interlocutora de Lenin Moreno a la hora de rescindir el paquetazo que sería “inamovible”. Y, como en otras gestas anteriores, fue una dirigente indígena presente en las reuniones del diálogo la que acusó a Moreno de ser un criminal ya que había dado la orden de reprimir y matar a su pueblo.

A modo de conclusión

Lo que ha sucedido en Ecuador trasciende, con mucho, las fronteras de ese pequeño país. Muchas personas de Abya Yala y del mundo tomarán como referencia lo que ha sucedido en Ecuador. El maldito decreto 883 ha sido neutralizado por la presión popular pero, quienes se han enfrentado al FMI, que se anden con cuenta. Un gobierno que ha traicionado con anterioridad otros compromisos asumidos, puede también incumplir los recién firmados. Ya ha comenzado a perseguir y encarcelar a algunas activistas que se destacaron en este Levantamiento de Octubre.

Gehiago