Cuando nos sobra energía eléctrica renovable en Navarra, ¿tiene sentido recurrir a la Biomasa?
Juan del Barrio
Colectivo ecologista LURRA
2026-ko urriak 11
La Unión Europea considera la biomasa una fuente de energía renovable y atribuye a las emisiones de CO₂ procedentes de su combustión un tratamiento diferente al de los combustibles fósiles. El argumento es que el CO₂ liberado al quemar madera ha sido previamente absorbido por los árboles mediante la fotosíntesis y que, al crecer nuevos árboles, ese carbono volverá a ser capturado.
Sin embargo, que una fuente de energía sea renovable no significa necesariamente que sea climáticamente neutra. La cuestión fundamental es el balance de carbono a lo largo de todo su ciclo de vida: extracción, transporte, procesamiento y combustión, pero también el tiempo necesario para que el carbono liberado vuelva a ser absorbido.
Un árbol que ha acumulado carbono durante 50 o 80 años puede ser talado y quemado en unas horas, liberando inmediatamente a la atmósfera el CO₂ almacenado. Aunque surjan nuevos árboles, estos necesitarán décadas para recuperar una cantidad equivalente de carbono. No es lo mismo emitir CO₂ hoy y recuperarlo en unos pocos años que necesitar varias décadas para compensarlo (de 6 a 100 años).
Utilizar determinados residuos forestales puede tener una consideración diferente a talar árboles expresamente para producir energía. La propia normativa europea establece criterios de sostenibilidad y promueve el uso de la madera, priorizando sus usos materiales (muebles, etc.) antes de destinarla a la producción energética.
Biomasa y biodiversidad. El problema tampoco se limita al carbono. Una creciente demanda de biomasa forestal, puede aumentar la presión sobre los bosques y favorecer plantaciones de crecimiento rápido, frente a ecosistemas autóctonos más diversos.
Plantar árboles no equivale necesariamente a crear un bosque. Una plantación homogénea puede almacenar carbono, pero no proporciona necesariamente la misma biodiversidad ni los mismos servicios ecológicos que un bosque natural o maduro. La extracción de árboles viejos, madera muerta y otros elementos del ecosistema pueden afectar a aves, insectos, hongos y numerosas especies.
Un problema añadido: el Cambio Climático. Existe además una contradicción creciente: necesitamos que los bosques actúen como sumideros de carbono precisamente cuando el Cambio Climático está dificultando esa función.
Las temperaturas elevadas, las sequías, el déficit hídrico, los incendios, las plagas y la mortalidad de los árboles, pueden reducir la capacidad de los bosques para absorber CO₂. Incluso un bosque que durante décadas haya acumulado grandes cantidades de carbono, puede convertirse rápidamente en una fuente de emisiones tras una sequía extrema.
Por ello, no debería confundirse “renovable” con “neutro en carbono”. La biomasa puede desempeñar un papel dentro de una economía energética sostenible, especialmente cuando procede de residuos y subproductos, pero utilizar madera forestal como combustible exige considerar el origen de esa madera, el carbono que se libera, el tiempo necesario para recuperarlo y el impacto sobre los ecosistemas.
En un contexto de calentamiento global, sequías crecientes, incendios y pérdida de biodiversidad, mantener un bosque en pie puede ser una estrategia climática más inmediata y segura, que talarlo para producir energía y confiar en que otro bosque absorba en el futuro el carbono liberado.
¿Qué pasa en nuestra Comunidad? Navarra es excedentaria en energía eléctrica, en gran parte de origen renovable, por lo que nos encontramos ante una oportunidad histórica de su uso masivo.
De acuerdo a la documentación del Gobierno de Navarra, los datos clave de producción y consumo del sector eléctrico en Navarra en el año 2025 han sido: Demanda total: 4.874 GWh. Generación total: 7.007 GWh (un 8,2% más que en 2024). Energías renovables: Cubrieron el 91% de la demanda eléctrica total de la Comunidad.
Mientras tanto se presentan proyectos como Efidistrict Txantrea, para la centralización de la calefacción y del agua caliente sanitaria mediante la combustión de biomasa y gas natural.
Esa iniciativa de Nasuvinsa de colaboración publico-privada se materializó a partir de 2025. Ahora, la Segunda Fase del Proyecto Efidistrict, que se encuentra sin aprobar pero lleva camino de hacerlo, se limita a duplicar la infraestructura; segunda caldera de gas natural igual a la inicial, segunda caldera de biomasa similar a la inicial y segundo depósito de acumulación también similar. Técnicamente no hay discusión, pero la situación ambiental ha cambiado y se hace necesario y urgente modificar las bases de partida.
Observamos cómo se está generalizando en Pamplona la instalación en fachadas de equipos de “bomba de calor”, destinados tanto a la refrigeración en verano como a la calefacción en invierno, lo que ha llevado al Ayuntamiento a adoptar una actitud más permisiva respecto a su instalación. Esta alternativa alimentada mediante energía eléctrica, permite disponer de un único equipo capaz de cubrir tanto las necesidades de calefacción como las de refrigeración.
La aceleración del Cambio Climático, la contaminación ambiental y en general la superación de los límites biofísicos que pueden poner en peligro la habitabilidad del planeta, nos obligan a repensar la reducción del consumo, evidentemente con energía renovable, aun sabiendo que estas energías no son neutras en carbono.
