28-M en Iruñea. ¿Realmente puede ser EH Bildu la primera fuerza?

Estamos en la antesala de las elecciones que el 28 de mayo nos llevarán a conformar las alcaldías y equipos de Gobierno municipales para los próximos 4 años. En Iruña existen varios escenarios posibles, pero el más factible de ellos es que ningún partido ni bloque ideológico alcance la mayoría absoluta, los deseados 14 votos del total de 27, como ocurrió en 2019.

Santiago Cuellar Zubillaga, Graduado en Ciencia Política y de la Administración

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Por lo tanto, la clave va a estar en si UPN o EH Bildu son la lista más votada. Y digo la clave porque, más allá de ejercicios voluntaristas o propagandísticos como la encuesta interna hecha pública la pasada semana por el PSN, la realidad que indican todas las encuestas serias es esa.

La diferencia entre Na+ y EH Bildu en 2019 estuvo en 16.952 votos, una brecha que parecería insalvable y sin embargo no lo es tanto. La disolución de Na+ abre un nuevo escenario con varias incógnitas importantes: el alcance de la fuerza con la que irrumpirá el PP de García Adanero, la efectividad de la llamada de UPN al voto útil y los votos que consigan Cs y VOX, este último con un perfil bajo ante lo que se juega la derecha. Y dentro de estas incógnitas, el gran desgaste que sufrirá UPN a manos de los de Adanero parece el único punto en común de todos los estudios demoscópicos, lo que acerca y sustenta la aspiración de EH Bildu a ser primera fuerza. Y la cuestión no es baladí, ya que, según la legislación electoral, en los ayuntamientos, si ninguna fuerza alcanza la mayoría absoluta en primera votación (ya sea por si misma o con apoyos), inmediatamente gobernará la lista más votada. Casi nada.

Pero para que EH Bildu consiga ese objetivo, tiene que lograr al menos cuatro hitos difíciles. Es fundamental que crezca en la orilla sur del Arga; que los nuevos votantes vean atractivo su proyecto y que quienes en esta última etapa han mantenido discrepancias entiendan que su voto es vital para recuperar la Alcaldía. Y a esto habría que añadir el cuarto elemento, el más importante: que los y las votantes que aspiran a un cambio en Iruña interpreten que la de Asiron es la única opción que lo garantiza frente a la intención de PSN de votarse a sí mismo, lo que llevaría a un nuevo gobierno de la derecha, como en 2019.

Otro de los asuntos que suele presentarse controvertido es la apelación al voto útil dentro de los bloques ideológicos, constatando que, insisto, solo hay dos posibilidades reales de alcanzar la Alcaldía: Cristina Ibarrola o Joseba Asiron. En el caso de la izquierda, apelar con éxito a ese discurso va a ser determinante, toda vez que ninguna encuesta creíble contempla que se repita el escenario que en 2015 posibilitó el llamado “gobierno del cambio”, cuya creación no necesitó del PSN. En la órbita de la derecha, sin embargo, no se da la misma situación ya que el propio candidato del PP, Carlos García Adanero, ha anunciado que apoyará a la candidatura regionalista si, como es previsible, ésta logra más votos que él. Pocos dudan de que habría reciprocidad en el remoto caso de un sorpaso.

Mención especial desde el punto de vista la ética política merece la postura del PSN de votarse a sí mismos independientemente de si eso da o no el gobierno a la derecha. Me explico: los socialistas, sin ningún rubor, apelan constantemente a la responsabilidad de EH Bildu tanto en Madrid como en Navarra para aprobar medidas progresistas. Y esos llamamientos, se ha visto en muchos casos, han tenido una respuesta positiva que ha sido clave para hacer frente a las sucesivas crisis económicas y sanitarias, para poner en marcha reformas de leyes que afectan a derechos y libertades fundamentales o, simplemente, para frenar a las derechas. Constatada esa realidad, es lícito preguntarse si la egoísta respuesta del PSOE está a la altura. Parecería que no a tenor de lo sucedido en 2019 no sólo en Iruña, sino en otras localidades importantes de la geografía navarra en las que los de Sánchez primaron ese postureo frente a los legítimos intereses de miles de personas que sí reclamaban gobiernos progresistas.

A todos estos elementos ya analizados y desde el punto de vista de la Ciencia Política, habría que añadir otro: el tirón de cada candidato o candidata. En este aspecto ésta va a resultar una campaña sumamente atractiva teniendo en cuenta la presencia de primeros espadas, pero también en esto Asiron parece partir con ventaja ya que es el único candidato que repite y es el único que ni viene de otras instituciones ni aspira a volver a ellas.

Llegados a este punto cabe preguntarse: ¿dentro del panorama que se abre, el discurso de EH Bildu de ser primera fuerza es factible numéricamente? Salvando las diferencias de los contextos políticos en las elecciones de 2015, 2019 y las que ahora enfrentamos, los números sí parecen soportar esa tesis. Hace 8 años, con una participación récord, UPN fue la primera fuerza con 31.657 votos. Cuatro años más tarde, en 2019, y ya con todas las derechas unidas bajo la marca de NA+, alcanzaron los 43.643 votos. Pero el contexto ha cambiado sustancialmente; esa coalición ha saltado por los aires y es una incógnita cuánto del pastel se quedará cada cual. No obstante, es de suponer que UPN baje de los guarismos de 2015 y que la suma del PP y Cs alcancen en torno a los 13.500 o 14.000 votos con un reparto desigual: el 98-99% de esas papeletas iría para Adanero, que se acercarían a los 4 concejales, y el resto para los de Sesma, que no lograrían representación. Según estas cuentas, UPN quedaría en la horquilla entre los 27.500 o 29.500 votos, retrocediendo, respecto a 2015, entre 1.500 y 3.500 votos. Teniendo en cuenta que EH Bildu logró en 2019 casi 27.000 votos (26.691), un incremento de 3.000 a 3.500 votos le situaría en cabeza. Así de sencillo.

Asiron lo decía el otro día en una entrevista televisiva y no erraba: Quien ronde los 30.000 votos será primera fuerza y si PSN sigue en sus trece, quien gane, gobernará.

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