Por el cambio en Navarra, naturalmente

2014-ko otsailak 25

El inminente final del actual Gobierno de Navarra es una buena noticia. Un nuevo escándalo, si no delito legal, al menos sí malísimas prácticas políticas que, sumado a otros ya pasados, parece que va a conseguir que el Gobierno de Barcina acabe su mandato de forma forzada. Es un castigo político saludable, impide que sigan creciendo los ya muy altos grados de impunidad de la casta política y esperemos que sirva para que futuros mandatarios se tienten la ropa. Quien la hace la paga, por lo menos en alguna ocasión.

Una buena noticia porque peor hubiera sido que no se hubiera producido, pero que tampoco va mucho más allá… Hemos asistido a muchos cambios y alternancias en quienes han estado al frente de los gobiernos sin que los contenidos de las políticas que han llevado a cabo hayan variado sustancialmente o no lo hayan hecho en los aspectos que más directamente afectan a la vida de los ciudadanos. El baile de nombres y siglas no implica cambios en las políticas.

Y lo que importa son esos cambios en las políticas. El gobierno de Barcina ha sido nefasto en políticas de empleo, vivienda y servicios sociales y ha deteriorado gravemente todos los servicios públicos. Esto hubiera debido ser razón suficiente para haber forzado hace tiempo su dimisión. La suerte de quienes mandan hubiera quedado así más ligada a los contenidos de su mandato.

Nos han acostumbrado demasiado al “no se puede hacer otra cosa”. La crisis está siendo utilizada como escusa para llevar a cabo una total voluntad privatizadora y de incremento del negocio. El cambio de las políticas no hace referencia a la cuantía del gasto sino a la orientación del uso que se le da. En plena crisis, las desigualdades sociales se han disparado, eso tampoco hace referencia a la cuantía del gasto sino a la orientación realmente perversa del uso que de él se hace.

Y es esto lo que queremos cambiar: queremos una sociedad menos injusta, en la que la cobertura de las necesidades y los derechos básicos estén garantizados.

Sabemos que los políticos, los actuales y los que puedan venir, están muy presionados por las instancias y los poderes económicos que están llevando a cabo un saqueo y también un auténtico secuestro de la democracia. Un secuestro de la democracia que no podremos recuperar más que desde la participación ciudadana, estableciendo otras formas de hacer política, con muchos más cauces de participación y control de la ciudadanía y con instrumentos de rendición de cuentas y revocabilidad.

El momento político en Navarra está abierto; el cambio del actual gobierno es importante, pero será muy insuficiente si no empujamos también en la dirección de cambios en los contenidos y en las formas de hacer política.

 

Gehiago